Ciro Cristiano —napolitano curtido en el ecosistema Big Mamma de París— después de liderar la apertura de Bel Mondo y Villa Capri para el grupo francés, y tras convertir Baldoria en la quinta mejor pizzería de Europa según 50 Top Pizza, tenía claro que su próximo movimiento sería aún más audaz: crear el primer santuario madrileño dedicado exclusivamente a la pasta fresca.
El primer Beata Pasta abrió en la Glorieta de Bilbao a finales de 2023 y en pocos meses se convirtió en un fenómeno sociológico. La fórmula era engañosamente simple: cocina a la vista, precios que rara vez superan los 14 euros y un servicio prácticamente autogestionado por el cliente a golpe de QR. Y lo logró. Vaya si lo logró.
La pasta se estira delante de los propios comensales
En agosto de 2024, se cifraba en 7.000 los comensales semanales que pasaban por la suma de Beata Pasta y Baldoria. Ese músculo de tráfico permitió dos movimientos estratégicos que han redefinido el panorama de la restauración casual madrileña. Primero, la estandarización artesanal: cada local estira su propia masa delante del público pero la materia prima se centraliza en un obrador común para asegurar homogeneidad y reducir mermas. Segundo, ambientes muy chic e instagrameables.
La segunda apertura en calle Princesa confirmó que el formato era replicable: mismo interiorismo pop firmado por 4Retail y la interiorista Alejandra Pombo, mismo manual operativo, misma sensación de estar en una fiesta italiana que nunca acaba.
El salto a la órbita gastronómica
El tercer local, inaugurado el 6 de febrero de 2025 en plena Gran Vía, no es solo otra sucursal, es una declaración de intenciones cósmica. Con 300 metros cuadrados distribuidos en dos plantas y capacidad para 115 comensales, el nuevo Beata Pasta es un universo donde la gastronomía italiana se encuentra con la exploración espacial.
El diseño es pura iconografía generacional: azulejos bicolor y neones rosas estilo ochenta, decoración «galáctica» con trazos curvos luminosos que emulan órbitas, ilustraciones artesanales de astronautas, planetas y naves espaciales, y frases míticas de Galileo Galilei como guiño a los logros de Cristiano y su Baldoria Group.
El ticket medio oscila entre 22 y 26 euros con bebida y postre
La carta mantiene los hits de los otros locales —scarpariello con ricotta ahumada, pesto de pistacho, carbonara «sin nata, gracias»— pero introduce novedades instagram-ready: lasaña frita en formato finger-food y gnocchi «moon rock» teñidos de carbón vegetal. Y detrás de este espectáculo, los números son impecables. El ticket medio oscila entre 22 y 26 euros con bebida y postre, posicionándose estratégicamente entre las cadenas fast food y las trattorie tradicionales sin competir directamente con ninguna.
Cada nuevo local suma matices estéticos —pop, galáctico, retro— pero el relato central permanece reconocible: pasta fresca asequible y divertida ejecutada con precisión italiana. Beata Pasta no reinventa la rueda, pero la hace girar a una velocidad que pocos habían alcanzado en la capital. Su llegada a Gran Vía trasciende lo inmobiliario: es un ensayo general para el gran salto fuera de Madrid, la demostración de que se puede democratizar la excelencia gastronómica sin sacrificar ni la rentabilidad ni la experiencia.