A dos pasos del bullicio turístico del Algarve, Palacete es de esos restaurantes que invitan a bajar una marcha: terraza agradable, servicio cercano y un ambiente tranquilo, ligeramente fuera de la arteria principal —lo justo para comer sin estridencias y tener a mano la zona de fiesta para después—. Las reseñas coinciden en el buen trato y la atmósfera cuidada. Nosotros vivimos la experiencia y no tenemos nada en lo que discrepar.
El proyecto nace de puertas adentro. «Palacete es, ante todo, una historia familiar. Tünde, mi madre, es la propietaria y el rostro de la casa… Nuestra abuela quiso aplicar más de diez años de experiencia en hostelería del Algarve en un proyecto familiar propio», resume Christofer, hijo, nieto y responsable del restaurante. Esa hospitalidad de “casa” se nota en el ritmo del servicio y en la manera de explicar los platos.
La cataplana de peixe e marisco para dos es un must en la carta
La carta mira al recetario del Algarve sin complejos. Hay pescados del día a la parrilla, arroces marineros y especialidades para compartir como la cataplana de peixe e marisco para dos; también asoma el bife à portuguesa, un clásico que aquí reivindican con sencillez bien ejecutada. «La cataplana, un guiso de mariscos lleno de carácter regional, representa lo mejor del Algarve. El bife a la portuguesa es otro de los favoritos, simple pero lleno de sabor», asegura.
Tradición a la vanguardia
Tradición no significa inmovilismo: aquí afinan cocciones y presentación para hacerlos actuales sin perder alma. «Para nosotros se trata de equilibrio. Las técnicas modernas nos ayudan a refinar detalles, controlar texturas y presentar los platos de una forma más actual», explica. Esa mezcla —raíces portuguesas y ejecución pulida— aparece reflejada en la valoración global del local en plataformas de reservas.
En Palacete prefieren definirse por lo que hacen. «Palacete es autenticidad, no etiquetas. Lo que nos distingue es el equilibrio: comida de calidad enraizada en la tradición portuguesa, un servicio atento y un ambiente tranquilo que contrasta con las calles más concurridas», subraya. De hecho, su terraza-jardín y la atmósfera sosegada los han colocado en listados de restaurantes románticos o con garden vibe de la zona.
En Palacete el broche está en el “cómo” además del “qué”
El restaurante también piensa en quienes viajan en familia. «Portugal se ha vuelto más consciente de las necesidades de las familias y restaurantes como el nuestro se adaptan para que todos se sientan bienvenidos… Los padres valoran nuestra ubicación tranquila pero cerca de todo», apunta.
El broche está en el “cómo” además del “qué”. «Queremos que los clientes salgan con la confianza de que estuvieron en buenas manos desde que llegaron… Buena comida y un espacio bonito valen poco sin un buen servicio», concluye Christofer. Esa idea —cocina reconocible, ritmo amable, detalle en sala— es la que sostiene el recuerdo que el comensal se lleva de Palacete.