La 82ª edición de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid (del 17 al 21 de septiembre) llega en un momento curioso. Mientras el resto de capitales de la moda pelean por mantener relevancia en un mundo saturado de contenido, Madrid hace algo radical: abraza lo que es.
No somos París con sus casas centenarias. No somos Milán con su artesanía intocable. No somos Nueva York con su velocidad imposible. Somos Madrid: caótica, nocturna, mestiza, donde un desfile puede empezar a las 22:00 horas de la noche porque aquí cenamos tarde y estamos orgullosos de ello. «Madrid no solo viste, sino que inspira», dice Charo Izquierdo, directora de la Fundación Madrid&D. Pero la verdad es más simple: Madrid viste como vive, sin pedir permiso.
Los protagonistas que debes fichar
Lo más esperado de este evento son muchos de los diseñadores en espacios que nunca antes habrías imaginado. Alejandro Gómez Palomo, Palomo Spain, no necesita presentación, pero que The Palace Hotel abra sus puertas a su universo queer y barroco dice más sobre el momento cultural que vivimos que cualquier editorial de tendencias. Al igual que la diseñadora colombiana, Silvia Tcherassi, tienda ese puente latinoamericano que siempre necesitamos y abra la semana en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles. Su presencia no es casualidad: Madrid es la puerta de Europa para Latinoamérica y viceversa.

Los desfiles de Paloma Suárez son puro riesgo y performance
Si hay alguien que entiende que un desfile puede ser más que ropa caminando, es
Paloma Suárez. Su presencia en los Business Talks no es decorativa. Cuando Suárez habla de «cuestionar el consumismo», no está leyendo un speech precocinado de RSC. Sus performances, donde modelos pueden romper sus propias prendas o el público participa en la deconstrucción de un vestido, son comentarios viscerales sobre nuestra relación tóxica con la ropa. Es incómodo, es brillante y es exactamente lo que Fashion Week necesita para tener personalidad propia.
Por qué este año es diferente (y por qué importa)
Madrid Fashion Week 2025 ocurre en un momento extraño. Post-pandemia, post-crisis, post-todo. La industria global busca sentido, y Madrid ofrece algo inesperado: autenticidad sin artificio. No prometemos transformarte en otra persona. No vendemos fantasías inalcanzables. Lo que ves en IFEMA es lo que encuentras en las calles de Malasaña un martes cualquiera: gente real vistiendo moda real con actitud real.

La Fashion Week de Madrid ofrece personalidad y valentía
Los Business Talks en Cibelespacio no son keynotes vacías sobre «el futuro del lujo». Son conversaciones crudas sobre cómo sobrevivir siendo creativo en un país donde ser diseñador sigue siendo un acto de fe.
Madrid Fashion Week no va a cambiar la industria global. No es su intención. Pero en un mundo saturado de fashion weeks idénticas, donde todos los desfiles parecen
rodados en el mismo hangar minimalista, Madrid ofrece algo radical: personalidad. Si crees que la moda es superficial, ve a un desfile de María Lafuente. Si piensas que es elitista, pásate por EGO. Si asumes que es aburrida, espera a ver lo que Agatha Ruiz de la Prada tiene preparado.
Cuarenta años después, la pasarela madrileña finalmente entendió que no necesita ser como las demás. Necesita ser radical, orgullosa y caóticamente ella misma. Y eso, en una sociedad cada día más carente de personalidad e individualidad, eso es más revolucionario que cualquier tendencia