Hay espectáculos que no “vuelven”: renacen. ‘PrisionIA’ es la nueva edición del Circo de los Horrores en Madrid y, sobre todo, el símbolo de un relevo generacional: tras el ciclo de despedida, el universo creado por Suso Silva abre etapa con una protagonista que empuja el relato hacia otro miedo, más contemporáneo y menos sobrenatural: el de una vida vigilada, medida y dirigida por algoritmos. En la carpa de Puerta del Ángel, la pregunta no es solo si te atreves… sino de qué estás dispuesto a escapar.
1. El relevo como motor del espectáculo
Esta edición se presenta explícitamente como el inicio de una etapa: cambia el pulso, cambia la energía y cambia el foco. El Circo de los Horrores no se limita a repetir fórmula; propone un reinicio con Sara Silva, la hija de Suso Silva, al frente, mirando al futuro sin traicionar su ADN: provocación, teatralidad física y esa mezcla de belleza oscura y vértigo que lo convirtió en fenómeno.

2. Una distopía que da miedo porque se parece a tu móvil
Aquí el terror no viene de monstruos clásicos, sino de una prisión futurista controlada por una inteligencia artificial. En ‘PrisionIA’ la carpa se convierte en sistema: vigilancia, pruebas, manipulación de la percepción y una sensación constante de “ojo” encima. Es un giro inteligente: el show te asusta porque habla del presente, no de un más allá.

3. Identidad a prueba de algoritmo
La historia se articula alrededor de Azul, que despierta encerrada sin saber por qué ni de qué se la acusa, y se ve sometida a pruebas que la empujan a desconfiar incluso de sus recuerdos. Es un punto de partida potente: no solo hay espectáculo, hay conflicto dramático —y ese conflicto es filosófico—: ¿quién eres cuando te lo narra una máquina?

4. Un cóctel artístico sublime
PrisionIA presume (con razón) de ser una experiencia escénica multidisciplinar: circo extremo, teatralidad corporal, música en vivo y efectos especiales diseñados para que sientas el impacto en el cuerpo, no solo lo admires desde la butaca. El Circo de los Horrores lleva años jugando a hibridar géneros; aquí lo hace con ambición de superproducción.

5. El público es un personaje más
En ‘PrisionIA’ el espectador no se sienta a salvo en la oscuridad. Desde el primer momento, la cuarta pared se diluye y la carpa se convierte en un espacio compartido donde el público es un personaje más del relato. Hay miradas directas, bromas que rompen la tensión, interacciones inesperadas y risas nerviosas que funcionan como válvula de escape. Esa complicidad —a medio camino entre el juego y el ritual— transforma la función en una experiencia colectiva irrepetible: no ves el espectáculo, lo atraviesas. Y sales con la sensación de haber compartido algo íntimo con desconocidos.
