A más de 3.000 metros de altitud, en plena Patagonia, cuatro alpinistas se enfrentan a una montaña tan imponente como sus propios miedos. ‘Fitzroy‘, la última obra de Jordi Galceran, transcurre en un escenario tan inhóspito como simbólico: las laderas heladas del macizo argentino que hacen de espejo de ambiciones, renuncias y heridas nunca cerradas para sus protagonistas. En el Teatro Maravillas, esta expedición emocional se convierte en una comedia afilada que nos recuerda que no hay cima más difícil que comprendernos a nosotros mismos —y a los que escalan con nosotras—.
La obra, que arrasa en Madrid tras una exitosa acogida en Barcelona, presenta una historia sencilla pero de tensión creciente: cuatro alpinistas experimentadas están atrapadas en las laderas del monte Fitzroy, en la Patagonia. Esperan una ventana meteorológica que les permita alcanzar la cumbre. Pero el tiempo no mejora, y la espera comienza a resquebrajar la calma. Las bromas dan paso a confesiones, los silencios se vuelven más largos, y la cima que parecía física empieza a parecerse mucho a otra, más íntima y difícil: la del entendimiento entre ellas mismas.
Esta comedia feminista reflexiona sobre la ambición, la sororidad y el liderazgo
El texto mezcla hábilmente los géneros. Hay comedia de situaciones —con gags que estallan cuando menos se espera—, pero también una capa de crítica social y de introspección. La montaña se convierte así en un pretexto para hablar del liderazgo, de las dinámicas de poder dentro de los grupos, del feminismo, la sororidad, la ambición, la frustración, y el precio del éxito.
Escalarse a una misma
‘Fitzroy’ habla de la superación, pero no solo la física. La obra retrata la dificultad de enfrentarse a una misma, de aceptar los límites, de entender que no todo lo que nos proponemos es alcanzable y que, incluso, los fracasos pueden ser un tipo de victoria. Hay algo casi filosófico en la forma en que la obra va desnudando los conflictos internos de cada personaje: ¿por qué queremos alcanzar la cima?, ¿a quién tratamos de demostrar algo?, ¿cuánto pesa lo que arrastramos?
La montaña es una metáfora de lo externo que pone a prueba lo interno
Como ya ocurría en ‘El método Grönholm’, también de Galceran, se parte de una situación cerrada para observar cómo la presión destapa lo que se esconde bajo las máscaras. Pero Fitzroy añade una capa especialmente interesante: es la montaña la que marca el tempo, como una metáfora de lo externo que pone a prueba lo interno.
‘Fitzroy’ no es solo una montaña en la Patagonia. Es también esa cumbre invisible que todos, alguna vez, hemos querido alcanzar para demostrarnos algo, aunque no sepamos exactamente el qué. Y esa es la verdadera conquista que plantea esta comedia elegante, feroz y profundamente humana. Esa verdad que nos hace mirarnos en el espejo del otro, aunque esté empañado por la altitud, el frío o las ganas de rendirse.