Hay que reconocerlo: hasta hace relativamente poco, la mayoría de los madrileños asociábamos Persia con alfombras carísimas, el ‘Prince of Persia’ en la Play y poco más. Quizá algún minorista aventurado mencionara algo sobre el azafrán, pero ahí acababa el conocimiento colectivo.
Pues resulta que los persas ya estaban haciendo «fusión» cuando la palabra ni siquiera existía en el vocabulario gastronómico. Su cocina es una mezcla diversa de influencias provenientes de todas sus provincias y regiones, enriquecida por su posición privilegiada en la Ruta de la Seda. Hablamos de una gastronomía que combina con maestría lo dulce y lo agrio, lo crujiente y lo cremoso, lo especiado y lo delicado.

Donde Chamberí conoce a Teherán
Y aquí es donde entra Pérsico, el nuevo restaurante que ha abierto sus puertas en la calle Sandoval 12, en pleno Chamberí. Porque sí, Madrid ya tenía algunos restaurantes persas, pero este viene con una propuesta distinta: fusiona la riqueza de la cultura gastronómica persa con un estilo contemporáneo, ofreciendo una experiencia única y sofisticada sin perder la sencillez. El local, que describe su propuesta como fusión persa de alta calidad, ha conseguido en muy poco tiempo meterse en el radar de los más curiosos del barrio. Y por lo visto, merece la pena reservar, porque el espacio no es gigantesco y ya empieza a correr la voz.
La carta de Pérsico es un paseo por los clásicos persas con toques contemporáneos. Entre los entrantes, el kashke badmjan, un plato de berenjenas del que pocos habían oído hablar pero que ahora querrán probar o las aceitunas marinadas al estilo eran francamente adictivos. Para los platos principales, encontramos el salmón al azafrán, la brocheta de rubia gallega y sobre todo un estofado de nuez y granada con carne que es pura poesía persa en un plato. Las porciones son generosas y la presentación cuidada, como corresponde a una cocina que lleva siglos refinándose.

Es una cocina con historia y filosofía de producto cuidado
La llegada de Pérsico a Madrid no es casualidad. Forma parte de una tendencia más amplia en la que la capital está abriendo sus horizontes gastronómicos más allá de los clásicos de siempre. Llevábamos años obsesionados con lo japonés, lo peruano, lo mexicano, y está genial, no nos malinterpretéis, pero había toda una región del mundo esperando su momento bajo los focos madrileños. La cocina de Oriente Medio en general, y la persa en particular, ofrece algo que en Madrid apreciamos: complejidad de sabores, ingredientes de calidad y, sobre todo, platos para compartir». Es cocina con historia, con filosofía, con ese punto de exotismo que nos encanta sin resultar inaccesible.
Una experiencia especiada y envolvente
Lo que hace especial a un restaurante como Pérsico no es solo la comida sino la propuesta integral. Especias delicadas, aromas envolventes y presentaciones cuidadas que buscan emocionar al comensal. Hay una intención clara de no limitarse a replicar recetas tradicionales, sino de ofrecerlas con una visión contemporánea que las haga accesibles y atractivas para el público madrileño.
Y parece que lo están consiguiendo. Las reseñas hablan de un local que ha logrado ese equilibrio difícil entre ser fiel a sus raíces y resultar cercano. Y nosotros os lo confirmamos. Es un sitio donde puedes preguntar sin sentirte ignorante y donde el personal te guía en tu primera incursión en la gastronomía persa con entusiasmo genuino.

Pérsico nos trae una tradición culinaria milenaria
Pérsico es una de esas aperturas que hacen bien a Madrid. No solo porque amplía nuestra oferta gastronómica, sino porque lo hace con seriedad, con respeto hacia una tradición culinaria milenaria y con la valentía de presentarla con una visión actual.
En un momento en el que todos los restaurantes parecen cortados por el mismo patrón instagrameable, encontrar un sitio que apuesta por sabores genuinos, por técnicas ancestrales y por una experiencia que va más allá de la foto bonita, resulta refrescante. Y quien sabe, igual dentro de unos años miraremos atrás y nos preguntaremos cómo pudimos vivir tanto tiempo sin conocer el fesenjan. Igual que ahora nos parece impensable Madrid sin sushi o sin ceviche.