Hay restaurantes que «te dan de comer». Y hay restaurantes que te dan de comer. La mulata latina, es de los segundos. Su propuesta es descarada. Una fusión entre la cocina castiza madrileña y la tradición culinaria cubana. La salsa suena de fondo. Los colores del local gritan caribe. Y la carta, cuando la abres, te hace ese gesto de «siéntate, que aquí no se tiene prisa».
Vamos al grano. El Sandwichon Cubano es la estrella del local y cuando dices 35 centímetros de bocadillo no estás hablando de marketing. Estás hablando de una pieza que llega a la mesa y ocupa más espacio que la conversación. La base es un pan brioche trenzado, esponjoso por dentro y con la estructura suficiente para aguantar la carga sin desmoronarse a la primera mordida. Dentro: mostaza, pepinillo encurtido, queso, jamón york y el protagonista absoluto, medio kilo de carne de lechón asado al estilo cubano. Cocinado a baja temperatura durante horas.
Los datos están muy bien. Pero los datos no capturan el olor cuando te lo ponen delante. No capturan la textura de la carne que se deshace sin resistencia, ni el contraste entre lo crujiente y lo esponjoso. Está pensado para dos personas. Si lo atacas tú solo, nadie va a juzgarte. Bueno, tus arterias sí. Pero el resto, no.

Los huevos rotos de La mulata latina son un reclamo en La Latina
Para ponerlo en perspectiva: hay hamburgueserías en Madrid cobrando 18 euros por 180 gramos de carne sin ninguna historia detrás. Aquí, por menos de 25 euros, tienes medio kilo de lechón con siglos de tradición culinaria cubana y un pan que podría ser su propio plato. Haz tus cuentas.
Y si el Sandwichon de 35 cm te parece demasiado compromiso para un día entre semana, también tienen el Bocata Cubano XXL de 28 cm a 13,95 euros. Pan extra-suave, salsa secreta, lechón, lechuga y tomate. El hermano pequeño. Igual de serio, más manejable.
Los huevos rotos con carne de la abuela: el plato que necesitas explicar
Hay platos que no necesitan presentación. Los huevos rotos con carne de la abuela no son uno de ellos. Necesitan que alguien se siente contigo, te mire a los ojos y te diga: esto no es un plato de bar de toda la vida. Esto es otra cosa. La base es una fuente de huevos rotos. Pero aquí, encima de esa cama de patatas caseras fritas y sobre una base de rodajas de tomate natural de la huerta, va la carne de la abuela. Y la abuela se llama Celia. Lo dicen en la carta, sin pudor y con mucho orgullo.
La carne de la abuela Celia es ternera mechada cocinada al estilo cubano. No es ternera asada de domingo madrileño. Es carne cocinada a fuego lento, con especias, con paciencia, con esa lógica de cocina que no mira el reloj. El resultado es una textura que se deshace en hebras finas y un sabor que tiene profundidad, capas, y ese punto de dulce-salado que caracteriza la cocina caribeña cuando se hace bien.

La receta de Moros y cristianos es una de las más tradicionales del local
Y luego está el Plato de la Abuela, que va un paso más allá: la misma ternera mechada de la abuela Celia, pero servida con arroz blanco, frijoles negros, yuca frita y rodajas de tomate natural. Una composición clásica cubana, llamada Moros y cristianos en su versión más popular, que en la Mulata sale a 19,95 euros y que tiene la honestidad de ser exactamente lo que promete.
La Mulata Latina es ideal para coger a tu grupo de amigos decirles que este finde no vais a ir al bar de al lado de casa de todos los días y visitar un sitio que no necesita que lo descubras. Solo necesita que reserves mesa. Y que llegues con hambre. Lo demás lo ponen ellos.