Entrar en Circlassica es cruzar una frontera invisible. Dejas atrás el ruido de la ciudad, los móviles, la prisa y el calendario, y durante un par de horas todo se reduce a lo esencial: asombro, risa y emoción compartida. El espectáculo, que se representa actualmente en IFEMA Madrid, propone un viaje sensorial donde el circo clásico dialoga con una mirada contemporánea profundamente humana. «Una experiencia que te va a hacer olvidar el mundo fuera de aquí, aunque solo sea un par de horas. Magia, emoción, risas y mucho, mucho amor», comenta Kristine Lindmark, responsable artística del espectáculo.

Sobre la pista se suceden números de acrobacia, equilibrios, malabares y coreografías
Sobre la pista se suceden números de acrobacia aérea, equilibrios imposibles, malabares de precisión milimétrica y coreografías que parecen flotar en el aire. El virtuosismo técnico convive con una puesta en escena cuidada hasta el último detalle, donde la música en directo, la iluminación y el movimiento construyen un relato continuo. «En el número de Haley Straps, la creación musical que hice en el estudio con el compositor del show, Nico Marchena, fue basado en una nana de mi infancia. Es el más especial para mí», señala Lindmark, subrayando cómo lo personal se convierte aquí en espectáculo colectivo.
Uno de los grandes aciertos de ‘Circlassica’ es su estructura narrativa. No se limita a encadenar números brillantes, sino que construye una historia con ritmo y emoción, anclada en la Navidad y en el origen simbólico de Papá Noel. «He querido unir a Papá Noel con lo emocional y lo más humano. Que lo importante sea la cercanía con las personas y cómo tratas a los demás», apunta la responsable, alejándose de la postal edulcorada para centrarse en valores como la generosidad, la paciencia y el tiempo compartido.

La danza adquiere este año un protagonismo especial
La danza adquiere este año un protagonismo especial. Las coreografías no son mero acompañamiento, sino un hilo conductor que da coherencia visual y emocional al espectáculo. «Este año las coreografías y las bailarinas están muy bien encajadas. Tenemos un elenco maravilloso, muy bueno y bonito», comenta Lindmark, destacando el trabajo de un equipo que se mueve con precisión, elegancia y una energía contagiosa.
Hay momentos que se quedan grabados en la retina: el opening, que marca desde el primer minuto el tono mágico del espectáculo; el número de claqué, donde el ritmo y el humor dialogan con la destreza técnica; o los instantes de silencio absoluto antes de un salto, cuando el público contiene la respiración. «Otro momento bonito y que es de mis favoritos como coreógrafa y directora ha sido el opening y el número de claqué», confiesa Lindmark, señalando esos puntos de inflexión donde el circo se vuelve pura emoción.

‘Circlassica’ es también un reflejo de cómo ha evolucionado el circo en los últimos años
‘Circlassica’ es también un reflejo de cómo ha evolucionado el circo en los últimos años. Ya no es solo una sucesión de proezas físicas, sino un lenguaje escénico híbrido. «El circo se ha ido transformando mucho durante los últimos años y cada vez atrae a un público más amplio», explica la responsable. «Unimos circo con interpretación, música, danza y canto, y esa fusión hace que sea un plan familiar y también para venir con amigos, uniendo generaciones», añade.
Al salir de la carpa, algo se queda dentro. Tal vez no sea solo el recuerdo de los acróbatas o la música, sino la sensación de haber compartido un tiempo distinto, más lento y más luminoso. ‘Circlassica’ no pretende deslumbrar únicamente con técnica —que la tiene—, sino tocar algo más profundo: esa necesidad, tan navideña y tan humana, de creer que todavía es posible reunirse alrededor del asombro.