Si escuchas a los tertulianos de televisión o a tu tía en la cena de navidad, los jovenes están protagonizando un apocalipsis romántico. Dicen que somos adictos a la gratificación instantánea, que el “sexo casual” ha matado al romance y que los “amigos con derechos” son el fin de la civilización occidental tal como la conocemos. Pero ahora resulta que la ciencia dice que se equivocan. ¿Quién lo hubiera imaginado?
La Dra. Helen Fisher, antropóloga biológica de la Universidad de Rutgers y una de las mayores expertas mundiales en la neurobiología del amor, lleva décadas estudiando cómo los humanos eligen pareja. Su conclusión es demoledora para los moralistas: lo que parece caos y libertinaje es, en realidad, una precaución extrema. Bienvenidos a la era del “Fast Sex, Slow Love”. Fisher argumenta que en un mundo donde la esperanza de vida roza los 90 años y el divorcio cuesta una media de 15.000 dólares (dramas emocionales aparte), elegir pareja es la decisión financiera y emocional más arriesgada que vas a tomar. Casarte con la persona equivocada ya no es un error; es una catástrofe logística que puede costarte décadas de tu vida.

Las nuevas generaciones han invertido el guion tradicional del cortejo por supervivencia
Las nuevas generaciones han invertido el guion tradicional del cortejo, y no por capricho, sino por supervivencia. ¿Por qué el sexo va primero? Porque, biológicamente hablando, es información crucial. Fisher sostiene que el sexo rápido no es impulsividad; es una herramienta de auditoría neurológica. Durante el acto sexual, el cerebro libera una cascada de neurotransmisores (dopamina, oxitocina, vasopresina) que revelan la compatibilidad química real entre dos personas.
Es la primera ronda de la entrevista de trabajo más importante de tu vida. Si no hay química, si los patrones de apego no encajan, si la comunicación no verbal falla estrepitosamente, te ahorras tres años de hipoteca con un desconocido.
No es miedo al compromiso, es al divorcio
Aquí está el matiz que nadie quiere admitir: no tienes miedo al compromiso. Tienes pánico al divorcio. Los millennials y la generación Z son, en su mayoría, hijos de las tasas de divorcio más altas de la historia moderna. Hemos visto el desastre de cerca: las batallas legales, la división de patrimonio, los niños como rehenes emocionales, los padres amargados. Tenéis los datos empíricos del coste real del fracaso romántico.

Al practicar el “sexo rápido” estás siendo increíblemente conservador con tu corazón
Y la respuesta evolutiva es el “Slow Love”: estirar la etapa de pre-compromiso hasta límites que desesperan a las generaciones anteriores. Como explica Fisher, el matrimonio solía ser la piedra angular inicial, el cimiento sobre el que se construía la vida adulta. Ahora es la cima de la pirámide: el trofeo arquitectónico que se coloca al final, cuando ya tienes la carrera estable, la casa pagada y la certeza absoluta de que no vas a querer divorciarte a la primera de cambio.
La paradoja conservadora
Es profundamente irónico, pero al practicar el “sexo rápido” estás siendo increíblemente conservador con tu corazón y tu futuro. Estás aplicando una lentitud geológica al compromiso emocional real porque entiendes perfectamente lo que cuesta romperlo.
No estás siendo promiscuo; estás siendo prudente. No estás evitando el amor; estás aplicándole el mismo rigor metodológico que usarías para comprar una casa o elegir una carrera. Lo que pasa es que esto escandaliza a quienes crecieron en una época donde se esperaba que tomaras la decisión más importante de tu vida basándote en tres meses de cortejo supervisado y cero experiencias sexuales compartidas.

El amor se ha vuelto extraordinariamente más exigente
El amor no se está muriendo. Solo se ha vuelto extraordinariamente más exigente, porque las consecuencias de equivocarse son demasiado altas como para dejarlo en manos del azar o las convenciones sociales.
Así que la próxima vez que alguien te critique por tu “situación sentimental ambigua” o por tardar “demasiado” en sentar la cabeza, puedes decirle con toda propiedad que no estás perdiendo el tiempo. Estás siguiendo una estrategia adaptativa darwiniana de reducción de riesgos a largo plazo respaldada por la neurobiología contemporánea.