Los domingos la sala del Teatro Flamenco Madrid se transforma en cocina y tablao. Allí, sobre tablas de teatro, se cuece un guiso que conjuga cante, compás y cuchara: el espectáculo ‘Domingos de Vermut y Potaje’, ideado por la cantaora y “contaora” Maui de Utrera. Más que un concierto o una obra de teatro, la función deviene ritual donde la tradición flamenca, la gastronomía popular y el humor se entremezclan a fuego lento.
La mecánica es sencilla y hechizante al mismo tiempo. Al inicio, un vermut abre el apetito y la charla; luego la artista, delantal puesto, invita al público a ser partícipe mientras en una olla a fuego lento se prepara el potaje de su Utrera natal. Se lee, se canta, se improvisa, se rie y se vive el flamenco como fiesta y herencia. La olla, la cuchara, el cante y el público conforman un único organismo vivo.

Este espectáculo mezcla lo serio y lo lúdico
Lo que distingue este espectáculo también es su mezcla de lo serio y lo lúdico. Maui, sobrina del mítico cantaor Bambino, trae al escenario no solo su genealogía flamenca, sino toda la audacia de quien convierte la oralidad gitana, el repique, en espectáculo contemporáneo. En su guion confluyen historias, risas, cuchicheos, gitanerías y un homenaje a la cocina de barrio. Al fin y al cabo, el potaje es historia, memoria y celebración.
Musicalmente, el espectáculo no se limita a un cante tradicional de fin de fiesta. Se permite respirar, improvisar, y dialogar con el público. La guitarra de Paco Soto y las palmas de Juan Carlos Gil & Kiko Martín (entre otros) acompañan el acto central: ese momento en el que el potaje está casi listo y los acordes y pasos de baile se entrelazan con la cuchara. Es una puesta en escena que funciona como tributo a la cotidianeidad más jonda: el compás de la olla, la verdad del barrio y el duende que no se invita, se aparece.

Maui recuerda que el flamenco es resistencia, celebración y alegría
Para quien llega sin conocimiento del flamenco, la experiencia puede parecer festiva y ligera; sin embargo, está cargada de raíces: Utrera, barrio, familia, historia oral, cante de piel. La voz de Maui recuerda que el flamenco no es solo arte escénico, sino resistencia, celebración, duelo y alegría. El público no es mero espectador: se convierte en comensal, como si la barrera entre escenario y sala se desvaneciera. Y esa cercanía es precisamente la fuerza del montaje.
Si planeas asistir, se recomienda llegar temprano para disfrutar del vermut de bienvenida, del aroma que anticipa la función y de esa sensación de entrar en casa de alguien donde la música, la cuchara y el compás son viejos conocidos. Y salir con la certeza de que, al menos por un par de horas, estuvimos partícipes de algo genuino.