Hay películas que uno recuerda por una escena. Otras por una canción. Las de Hayao Miyazaki suelen quedarse por algo más difícil de explicar: una sensación. Durante seis fines de semana, Madrid va a poder sumergirse en esa sensación en pantalla grande.
Entre el 19 de septiembre y el 25 de octubre, mk2 Palacio de Hielo y mk2 Cine Paz dedicarán un ciclo a los seis últimos largometrajes dirigidos por Miyazaki. Con la justificación institucional del Premio Princesa de Asturias que Studio Ghibli recibirá el 23 de octubre. Sin embargo, el resultado, lejos de ser institucional, se convierte en algo emocional: volver a ver algunas de las películas que cambiaron la forma en la que varias generaciones entendieron la animación.
El recorrido empieza en 1997 con La princesa Mononoke y termina en 2023 con El chico y la garza. Entre medias, veintiséis años de cine y cuatro títulos que explican por qué Miyazaki dejó de ser hace tiempo un director de culto para convertirse en un autor universal: El viaje de Chihiro, El castillo ambulante, Ponyo en el acantilado y El viento se levanta.

De Mononoke a Chihiro: cuando la animación dejó de pedir permiso
La princesa Mononoke abre el ciclo los días 19 y 20 de septiembre. No es una elección inocente. La película fue, en su momento, una demostración de que la animación podía hablar de violencia, industrialización y conflicto moral sin rebajar una sola idea por el hecho de estar dibujada. Aquí no hay buenos perfectos ni villanos sencillos. Hay un bosque que intenta sobrevivir, humanos que necesitan trabajar y un choque entre progreso y naturaleza que, casi treinta años después, sigue resultando incómodamente contemporáneo.
Una semana después llegará El viaje de Chihiro, los días 26 y 27 de septiembre. Si hubiera que elegir una sola película para explicar la dimensión internacional de Miyazaki, probablemente sería esta. Ganó el Oscar a la mejor película de animación en 2003 y convirtió el viaje de una niña de diez años por un balneario poblado de dioses, brujas y criaturas extrañas en una historia que podía entenderse igual en Tokio, Madrid o Buenos Aires. Chihiro entra asustada y sale distinta. El espectador también.
El 3 y 4 de octubre será el turno de El castillo ambulante, quizá una de las obras más románticas y visualmente desbordantes de Ghibli. Una casa que camina, una maldición, una guerra absurda y un mago incapaz de vivir del todo en el mundo real. Miyazaki vuelve a hacer lo que mejor sabe: utilizar la fantasía no para escapar de la realidad, sino para mirarla desde otro ángulo.
Ponyo, el viento y una garza: crecer también significa despedirse
El segundo tramo del ciclo arranca los días 10 y 11 de octubre con Ponyo en el acantilado, la película más luminosa de las seis y, seguramente, la puerta de entrada más sencilla para quienes quieran acercar el universo Ghibli a los más pequeños. Habrá además una sesión extraordinaria el lunes 12 de octubre, festivo nacional. En Madrid, ese pase adicional se celebrará a las 12:00 horas en mk2 Palacio de Hielo y estará doblado al castellano.

Después llega El viento se levanta, programada para el 17 y 18 de octubre. Y el tono cambia. Aquí la fantasía no desaparece, pero se vuelve melancólica. Miyazaki cuenta la historia de Jiro Horikoshi, diseñador aeronáutico, para hablar del precio de los sueños cuando la belleza técnica termina al servicio de la guerra.
El cierre, los días 24 y 25 de octubre, corresponde a El chico y la garza. No podía ser otra. Estrenada en 2023 y ganadora del Oscar a la mejor película de animación, es la obra de un director que mira hacia atrás sin dejar de inventar mundos. Su protagonista atraviesa un duelo y entra en un universo fantástico donde nada funciona como debería. Resulta difícil no leerla como una película sobre la herencia: la que recibimos, la que rechazamos y la que decidimos dejar.
Dos cines, dos maneras de volver a Ghibli
La propuesta madrileña se reparte entre dos salas con planteamientos distintos. mk2 Palacio de Hielo ofrecerá pases doblados al castellano los sábados y domingos a las 12:00 horas, además de sesiones en versión original japonesa subtitulada los domingos a las 20:00. mk2 Cine Paz apuesta exclusivamente por la VOSE, con pases sábados y domingos a mediodía.
La diferencia importa. Miyazaki funciona de las dos maneras. El doblaje permite que una familia entre en su mundo sin barreras. La versión original devuelve el ritmo, las voces y los silencios con los que esas películas fueron concebidas. No hay una forma correcta de verlas. Hay, simplemente, dos puertas de entrada al mismo universo.
Y eso quizá sea lo mejor de este ciclo. Que no obliga a mirar a Studio Ghibli como una pieza de museo justo cuando recibe uno de los grandes reconocimientos culturales de España. Lo devuelve al lugar al que siempre perteneció: una sala oscura, una pantalla grande y un grupo de desconocidos mirando juntos cómo se mueve el viento entre los árboles.
Miyazaki recibió en 2014 el Oscar honorífico por el conjunto de su carrera. Y aunque la multitud de premios explica el prestigio, no explica por qué volvemos una y otra vez a reproducir estas películas en nuestras pantallas. Quizá sea porque en el cine de Miyazaki los niños tienen miedo pero avanzan, los adultos se equivocan, la naturaleza nunca es un decorado y volar siempre parece posible aunque dure apenas unos segundos.